Archivo mensual: febrero 2011

100 años de Emma a Anne

– Por la noche, quedan lejos las casas -dijo.

Moderato cantabile, Margarite Duras (1958)

Flaubert publicó Madame Bovary en 1857. Margarite Duras publicó Moderato Cantabile en 1958, 101 años después. El comentario previo al escrito de Duras insiste en ver un remedo de la Emma Bovary de Flaubert, en la Anne Desbaresdes de Duras: burguesa, provinciana, madre de niño sobreprotegido, frustrada y hastiada de su vida, busca hombre, a poder ser príncipe azul, que la saque de su monotonía.

Sin embargo poco más se puede buscar en Moderato Cantabile, de apenas 90 páginas, en las más de 500 páginas de Madame Bovary. Si la de Flaubert es casi una epopeya centrada en el desarrollo psicológico de Emma Bovary, el libro de Duras es apenas un instante en la vida de Anne Desbaresdes que está cargado de sobreentendidos, de un bagaje asumido, de una infidelidad deseada, apenas buscada y casi ni encontrada en solo unos días de palabras intercambiadas en una tasca entre vapores de vino devorado para amortiguar vergüenza y deseo por igual. La historia de Duras se correspondería con acaso unos párrafos en la novela de Flaubert; apenas una fotografía de la vida de Emma Bovary.

Reconozco que no me cae bien Emma Bovary (¿se habla en presente de los personajes de los libros?). No por ser infiel, sino por el desprecio que tiene por su marido. Quizá porque conecto más con él, con Charles: un médico ceñudo, huraño, paleto, tímido, pobre de espíritu, apocado, apenas nada… aunque esto no dice mucho de mí. Quizá Flaubert quiso crear un personaje al que todos quisiéramos poner los cuernos; y sin embargo a mí me resulta cercano, amable.

Detesto los problemas burgueses de Emma, como también detesto las frustraciones de rica de Anne Desbaresdes. Emma y Anne tienen cada necesidad cubierta y se cierran en torno a la necesidad burguesa por excelencia: el amor romántico. Pero ¿qué piensan de eso las mujeres que las sirven en sus casas? ¿Las mujeres que les piden una moneda en la puerta de la iglesia? ¿Las que amamantan a sus hijos? ¿Las que les lavan las ropas? La pobreza exime de la necesidad de amor romántico, apasionado, estético, burgués. Ese amor es un producto más en venta que Anne y Emma creen necesitar… y lo compran.

Y sin embargo son dignas de compasión, son parias sin revolución, porque caen en las redes de la necesidad impostada. Mientras sus maridos, ricos, hacendados y burgueses, saben que la necesidad se compra con el dinero que tienen, incluso el deseo, ellas se dejan engañar por un amor trascendente que diluya sus frustraciones, que dice estar por encima de lo material, y sin embargo es solo eso: materia de compra y venta.

Y la frase de “Moderato Cantabile”: Por la noche quedan lejos las casas. Estan estas palabras tan llenas de imágenes:  una calle oscura, apenas iluminada por conos de luz derramados por farolas. Los círculos de claridad decrecen conforme avanza nuestra mirada por la calle y terminan por fundirse allá en la lejanía con la noche, donde lo negro hace una misma materia toda forma, todo color. La oscuridad de la noche prolonga y amalgama tiempo y espacio; por eso Por la noche quedan lejos las casas.

Histéricas y místicos, ¿histéricos y místicas?

– Diana ve una serpiente sagrada que la penetra;otras ven al Sagrado Corazón que las posee. Ver una imagen fálica o una imagen masculina dominante y ver a quien la violó en su infancia -me decía Du Maurier-, a veces, para una histérica es lo mismo. Quizás hayáis visto reproducidas en grabados , la santa Teresa de Bernini: no la distinguiríais de esta desventurada. Una mística es una histérica que ha encontrado a su confesor antes que a su médico.

El cementerio de Praga, Umberto Eco

A colación de la cita del libro de Eco (gran libro,  grandísimo autor), dos parias y un agravio comparativo.

Dos parias sociales muy serios: la enfermedad mental y la mujer. Foucault describió con erudición inalcanzable la evolución de “los locos” en la civilización occidental desde el medioevo hasta el s. XX; muy resumido: la locura como “fuente de verdad” medieval pasó a ser sinónimo de “pobreza” en la era moderna; más próxima al pecado capital de la “pereza” en el ámbito protestante y en los brazos de la “beneficiencia” en el católico, la locura fue encerrada en las cárceles y manicomios que unos siglos antes habían servido para las enfermedades de la vergüenza (transmisión sexual: gonorrea, sífilis…) y aun antes para la lepra. ¿Cómo los leprosarios tardo medievales se convirtieron en los manicomios del s. XVIII? Desgranado paso a paso en “La historia de la locura” de Foucault.

Y de la mujer como paria de esta y cualquier civilización, salvo aquellas mitológicas Amazonas, se puede escribir tanto… pero centrémonos en la enfermedad que cataloga y denigra a la mujer. En la cita del libro de Eco la histeria ya es una enfermedad (estamos a finales del s. XIX de Freud, de Charcot… de la psicología) teñida de represión masculina (machista), de sexualidad velada y espectral. Ese espectro masculino bien puede ser mundano y llevar a histeria, como divino y llevar a la mística; y los personajes de “El cementerio de Praga” se vanaglorian de su conocimiento de la psique simplona de la mujer frente a las creencias mitológicas del pasado: véase santa Teresa. La enfermedad, la histeria, lejos de tener un acercamiento científico, tiene una interpretación social y denigrante, una forma de insulto a la mujer.

Y el agravio comparativo: si bien la mística, a la sazón santa Teresa, es un ejemplo de histeria interpretada por el tamiz de la religión, ¿por qué no se analizan los místicos con el mismo criterio? ¿no son histriónicos también los poemas de san Juan de la Cruz, los sueños de Juan Bosco, las charlas de san josemaria escrivá de Balaguer o los tonti-milagros del Wojtila? ¿No es también el mito del cristianismo, el mismo cristo, un paradigma de enfermo mental (y el remedo de toda crisis psicótica moderna)?

Dos parias, la locura y la mujer; una paria mayor, la loca; y un triunfador: el místico, el dios, el santo,… el varón (ni histérico ni mujer).