Histéricas y místicos, ¿histéricos y místicas?

– Diana ve una serpiente sagrada que la penetra;otras ven al Sagrado Corazón que las posee. Ver una imagen fálica o una imagen masculina dominante y ver a quien la violó en su infancia -me decía Du Maurier-, a veces, para una histérica es lo mismo. Quizás hayáis visto reproducidas en grabados , la santa Teresa de Bernini: no la distinguiríais de esta desventurada. Una mística es una histérica que ha encontrado a su confesor antes que a su médico.

El cementerio de Praga, Umberto Eco

A colación de la cita del libro de Eco (gran libro,  grandísimo autor), dos parias y un agravio comparativo.

Dos parias sociales muy serios: la enfermedad mental y la mujer. Foucault describió con erudición inalcanzable la evolución de “los locos” en la civilización occidental desde el medioevo hasta el s. XX; muy resumido: la locura como “fuente de verdad” medieval pasó a ser sinónimo de “pobreza” en la era moderna; más próxima al pecado capital de la “pereza” en el ámbito protestante y en los brazos de la “beneficiencia” en el católico, la locura fue encerrada en las cárceles y manicomios que unos siglos antes habían servido para las enfermedades de la vergüenza (transmisión sexual: gonorrea, sífilis…) y aun antes para la lepra. ¿Cómo los leprosarios tardo medievales se convirtieron en los manicomios del s. XVIII? Desgranado paso a paso en “La historia de la locura” de Foucault.

Y de la mujer como paria de esta y cualquier civilización, salvo aquellas mitológicas Amazonas, se puede escribir tanto… pero centrémonos en la enfermedad que cataloga y denigra a la mujer. En la cita del libro de Eco la histeria ya es una enfermedad (estamos a finales del s. XIX de Freud, de Charcot… de la psicología) teñida de represión masculina (machista), de sexualidad velada y espectral. Ese espectro masculino bien puede ser mundano y llevar a histeria, como divino y llevar a la mística; y los personajes de “El cementerio de Praga” se vanaglorian de su conocimiento de la psique simplona de la mujer frente a las creencias mitológicas del pasado: véase santa Teresa. La enfermedad, la histeria, lejos de tener un acercamiento científico, tiene una interpretación social y denigrante, una forma de insulto a la mujer.

Y el agravio comparativo: si bien la mística, a la sazón santa Teresa, es un ejemplo de histeria interpretada por el tamiz de la religión, ¿por qué no se analizan los místicos con el mismo criterio? ¿no son histriónicos también los poemas de san Juan de la Cruz, los sueños de Juan Bosco, las charlas de san josemaria escrivá de Balaguer o los tonti-milagros del Wojtila? ¿No es también el mito del cristianismo, el mismo cristo, un paradigma de enfermo mental (y el remedo de toda crisis psicótica moderna)?

Dos parias, la locura y la mujer; una paria mayor, la loca; y un triunfador: el místico, el dios, el santo,… el varón (ni histérico ni mujer).

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