100 años de Emma a Anne

– Por la noche, quedan lejos las casas -dijo.

Moderato cantabile, Margarite Duras (1958)

Flaubert publicó Madame Bovary en 1857. Margarite Duras publicó Moderato Cantabile en 1958, 101 años después. El comentario previo al escrito de Duras insiste en ver un remedo de la Emma Bovary de Flaubert, en la Anne Desbaresdes de Duras: burguesa, provinciana, madre de niño sobreprotegido, frustrada y hastiada de su vida, busca hombre, a poder ser príncipe azul, que la saque de su monotonía.

Sin embargo poco más se puede buscar en Moderato Cantabile, de apenas 90 páginas, en las más de 500 páginas de Madame Bovary. Si la de Flaubert es casi una epopeya centrada en el desarrollo psicológico de Emma Bovary, el libro de Duras es apenas un instante en la vida de Anne Desbaresdes que está cargado de sobreentendidos, de un bagaje asumido, de una infidelidad deseada, apenas buscada y casi ni encontrada en solo unos días de palabras intercambiadas en una tasca entre vapores de vino devorado para amortiguar vergüenza y deseo por igual. La historia de Duras se correspondería con acaso unos párrafos en la novela de Flaubert; apenas una fotografía de la vida de Emma Bovary.

Reconozco que no me cae bien Emma Bovary (¿se habla en presente de los personajes de los libros?). No por ser infiel, sino por el desprecio que tiene por su marido. Quizá porque conecto más con él, con Charles: un médico ceñudo, huraño, paleto, tímido, pobre de espíritu, apocado, apenas nada… aunque esto no dice mucho de mí. Quizá Flaubert quiso crear un personaje al que todos quisiéramos poner los cuernos; y sin embargo a mí me resulta cercano, amable.

Detesto los problemas burgueses de Emma, como también detesto las frustraciones de rica de Anne Desbaresdes. Emma y Anne tienen cada necesidad cubierta y se cierran en torno a la necesidad burguesa por excelencia: el amor romántico. Pero ¿qué piensan de eso las mujeres que las sirven en sus casas? ¿Las mujeres que les piden una moneda en la puerta de la iglesia? ¿Las que amamantan a sus hijos? ¿Las que les lavan las ropas? La pobreza exime de la necesidad de amor romántico, apasionado, estético, burgués. Ese amor es un producto más en venta que Anne y Emma creen necesitar… y lo compran.

Y sin embargo son dignas de compasión, son parias sin revolución, porque caen en las redes de la necesidad impostada. Mientras sus maridos, ricos, hacendados y burgueses, saben que la necesidad se compra con el dinero que tienen, incluso el deseo, ellas se dejan engañar por un amor trascendente que diluya sus frustraciones, que dice estar por encima de lo material, y sin embargo es solo eso: materia de compra y venta.

Y la frase de “Moderato Cantabile”: Por la noche quedan lejos las casas. Estan estas palabras tan llenas de imágenes:  una calle oscura, apenas iluminada por conos de luz derramados por farolas. Los círculos de claridad decrecen conforme avanza nuestra mirada por la calle y terminan por fundirse allá en la lejanía con la noche, donde lo negro hace una misma materia toda forma, todo color. La oscuridad de la noche prolonga y amalgama tiempo y espacio; por eso Por la noche quedan lejos las casas.

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