Paradigma médico occidental: curandería

35 años: “desde siempre he tenido problemas de garganta. De vez en cuando me duele y me han mandado antibióticos. Un día mi médica no estaba y el médico que la sustituía me dijo que podía ser una falta de vitaminas y me pidió una analítica que lo confirmó. Desde entonces estoy tomando ácido fólico y vitamina B12”, per secula seculorum, añadiría yo… cada palabra, conforme se articulaba en las fauces de la hablante, se me clavaba cual lanza afilada en las entrañas: un lanzazo y otro y otro y otro. Hacía lo imposible por retener la respuesta que deseaba vomitar: como cuando en resaca tragas saliva una y otra vez para evitar el vómito, lo mismo. Pero no sé callarme. No, no quise callarme. “Pues eso no sirve de nada y tomar fármacos que no sirven puede producir efectos adversos”; “Pues mi médico dice que son vitaminas y que se eliminan las que sobran”: toma, toma y toma; ninguna base científica para tomar vitaminas y una impecable explicación científica para justificar el “si bueno no es, malo tampoco”: la historia de mi vida. Por supuesto ese día no convencí a nadie… casi ni a mi mismo.

Y de este resumen del paradigma médico predominante: “lo que no sé me lo invento y lo justifico con una fisiopatología que haría vomitar a Virchow”, solo podemos abocar a una realidad ineludible: la medicina occidental lejos de la ciencia está más próxima a la curandería. Y si me pongo y hago el análisis más serio, que no es la intención, podríamos acercarnos a la medicina como producto de mercado en la que prima la calidad estética sobre la calidad científica: “hagámonos pruebas preventivas, tomemos pastillas o pinchémonos cientos de vacunas para evitar enfermedades, hagámonos cientos de ecos y paramos todo lo que venga por cesárea, y otras gilipolleces varias”; incluso a la medicina como “neoreligión”: la transcendencia la otorgan las castas médicas con sus promesas de curación (tan falsas como las de la casta sacerdotal).

Quizá ser curandero no sea tan malo como ser mercader o sacerdote de la medicina… pero nos quedamos por ahora en la curandería: la medicina occidental, así, en general, es la misma superchería que las forma mágicas de curanderismo, solo que barnizada por linda capa de (pseudo)ciencia… ¡Malditas vitaminas!

Aquí todos y todas somo parias: los y las que vendemos medicina, los y las que compramos medicina y los y las que se apenan de no poder comprar más medicina. Todos y todas engañados y engañadas; todos y todas infelices por la salud.

¡¡Parias, vivid vuestra salud y no dejéis que la medicina os la estropee!!

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