Economía productiva

Partamos de lo general: la RAE define productividad como la “relación entre lo producido y los medios empleados, tales como mano de obra, materiales, energía, etc.” Ésta, la nuestra, es la sociedad que se autodenomina “del bienestar”, quizá por contraposición a las sociedades decimonónicas primoindustriales ejemplos de producción deshumanizada, o quizá también en contraposición a ese inmenso resto del 90% de la humanidad que sea cual sea su sociedad, no se puede describir como “del bienestar”.

En occidente lo más parecido que somos capaces de generar alrededor de la felicidad colectiva es esa “sociedad del bienestar” apoyada en la comunización de servicios básicos (educación, sanidad, ¿dependencia?), es decir, en la solidaridad “pactada” entre clases (lo que viene a ser en boca empurada de los ricos: “¿os dejamos esto -sanidad, educación…- y os calláis?”, a lo que los pobres contestan “no pedimos más, aunque sea nuestro; os dejamos tranquilos”; también conocido como “Paz Social“). Pues bien, cuando deberíamos hablar de esa felicidad colectiva, de como perpetuarla y ampliarla independientemente del curso de los tiempos: el reparto equitativo, la igualdad, la solidaridad con la dependencia, los derechos sociales, etc… sin embargo damos pábulo a un término que inunda nuestra dialéctica social: la productividad. Como en aquellas fábricas Dickensianas del s. XIX, vuelve a situarse en el centro de todo el sistema (si es que no ha sido siempre así) el producto, la producción, el (los) mercado(s), la oferta y la demanda… con una diferencia: ahora también los proletarios y las proletarias defendemos esa dialéctica, la comprendemos (pobre empresario, tiene que echarnos porque no somos productivos), nos asimilamos a su destino y lo hacemos propio. Hemos dado con la piel más dura del capital, la menos maquillada: el capital crudo, sin almíbares del estado del bienestar… y ahora el capital somos todos y todas.

Pero acabemos en lo concreto: Una última esperanza, la izquierda, digamos que “real” o “no capitalista”, Izquierda Unida, se expresaba hace unas mañanas en La SER en palabras de su coordinador general y candidato a las próxima elecciones, Cayo Lara, como podría hacerlo cualquier otro u otra profesional del sistema: “hay que reducir la deuda pública, que los comunistas somos responsables”,…  vale sí, con otras recetas, pero guisando lo mismo y con los mismo medios: el capital… nada de romper las cazuelas, quemar los recetarios del pasado y pensar en guisar algo distinto. Y ojo, que entiendo la forma de hacer política “responsable” del señor Lara: pero yo necesito que me vendan esperanzas de una alternativa, aunque la alternativa implique cambios difíciles de asumir incluso por la mayoría; incluso aunque la alternativa sea mentira.

Que no me digan que el guiso se puede arreglar añadiendo jengibre y eneldo o cualquier otro condimento exótico. Que no me digan eso, porque entonces solo nos queda la revolución de los parias.

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