Archivo mensual: febrero 2012

Sin dejarla botar: post “Inside Job”

Vista hace unos minutos “Inside Job”, aparte de mi sublevación interior, el desfile de actores y actrices de esta gran crisis sin un ápice de autocrítica me lleva a varias conclusiones:

1. El documental alcanza a un bien avanzado 2010: que rápido se desactualizan las novedades de esta crisis-fraude economico-social y cre(d)encial.

2. Qué rápido olvidamos, y lo que es peor, perdonamos.

3. Qué tocada queda la credibilidad del mundo intelectual, cuando algunas de sus más importantes sedes, Harvard y Columbia, obvian cualquier conflicto de intereses entre sus profesores del ámbito económico y las financieras a la que “asesoran”, en el momento de considerar la producción científica de los mismos.

Malos tiempos, mala gente ¿y las soluciones? Revolución o servidumbre..

Del Tamayazo al Garzonazo: el camino de la apostasía del sistema

Corría mayo de 2003. En sus últimos días se celebraron las elecciones municipales y autonómicas por todos los rincones de las españas. Los resultados en Madrid dejaban al Partido Popular como vencedor, pero la suma de fuerzas de PSOE e Izquierda Unida, anunciada antes de las elecciones, les permitía gobernar bajo el mando del socialista Rafael Simancas. Eran los tiempos del autoritarismo estatal del pequeño Aznar; tiempos de Prestige, de sangre y petroleo en Irak y de ladrillazo por los cuatro costados de occidente. La historia lo contará bien, o no, pero por lo que auguraban y lo que ya sabemos, sobre todo eran tiempos de ladrillazo. El pacto salido de las urnas entre PSOE e IU amenazaba el pelotazo del cemento: IU quería la cartera de obras y prometía graves restricciones a la mano abierta del aznarismo con sus amiguetes (con derecho a roce) de la construcción . Y la amenaza surtió efecto: en la composición de la asamblea madrileña el nombramiento de la presidencia fue bloqueado por dos, sí dos, diputados del PSOE: Tamayo, varón y barbado, y Sáez, mujer e indemne en el recuerdo de la mayoría de aquella, su felonía. Tamayo y Sáez no apoyaron el nombramiento de la presidencia socialista de la asamblea y aseguraban que no apoyarían la investidura de Simancas como presidente madrileño. Revuelo mediático con el descombro de toda la mierda que rodeaba a la pareja Tamayo y Sáez: sus relaciones con la industria de la construcción, con la corrupción urbanistica… con el PP; en fin, un estercolero. Legalmente la Asamblea quedó en suspenso porque nadie podía obtener mayoría y se decidió nueva convocatoria de elecciones unos meses después. ¿Y quién ganó? Pues si no puedo a la primera, rompemos la baraja, repetimos, y listo… Esperanza Aguirre ascendida por el ladrillazo al poder madrileño. No me cabe duda alguna de que, de no haber ganado en este segundo intento, habría habido un tercero amparado en cualquier otro truco sucio… como sucio fue también el recuento de votos en la segundas elecciones que dejó para el final los barrios de extracción, digamos, acomodada, de tal forma que el ascenso de Espe fue demoledor en el segundo 50% del escrutinio.

Desde entonces han transcurrido poco más de 9 años. Particularmente hice un intento de apostasía democrática: el sistema era mentiroso y yo descreía activamente de él y no volvería a votar. No desgranaré ahora las características de un sistema bipartidista con graves carencias representativas, pero si damos un paso más y se compran diputados para derrocar gobiernos… ¿qué más queda? Pues eso, mirar para otro lado y no volver a votar. Como decía, era tiempo de guerras ilegales, de prestige y autoritarismo sin parangón; y de un atentado en Atocha que hizo mentir hasta el vómito a quienes les interesaba de la forma más espuria que su autoría fuera de ETA. Con todo eso mis pruritos con el sistema se aparcaron y acepté seguir votando.

Primeros meses de 2012. Tras una persecución implacable, el juez Baltasar Garzón acaba juzgado por hasta ¡3 causas distintas! (que no se les vaya a escapar), de la que la más sólida haría reir al jurista más inepto. Con solo unos días de diferencia la justicia española, en sus más altos cargos, deja indemne a Francisco Camps (expresidente de la Comunidad Valenciana por el Partido Popular) de las acusaciones de corrupción; por el contrario condena al Juez Baltasar Garzón a la inhabilitación para su trabajo y la ignominia de la negligencia en el mismo. Casualmente también, la condena a Garzón está oscuramente entrelazada con la liberación de Camps cuando la instrucción degradada del juez era acerca de la trama corrupta en la que se implicaba a Camps. Garzón es apartado por meter los dedos en los intestinos del poder: del formal, por atajar la corrupción presente en los círculos del poder administrativo y representativo; y del informal, por desentrañar las vergüenzas del franquismo en el que hunden su raíces parte de la política actual y más aún las grandes familias de los grandes grupos económicos, judicatura, ejército, corona, etc… que nadie les toque sus desvergüenzas.

Cuando salen indemnes los corruptos (supuestamente Camps), la justicia sufre pero no se tambalea. Pero cuando son perseguidos los inocentes (y sin duda Garzón lo es), entonces ya no hay excusa, no hay creencia en el sistema, no hay justicia. Solo queda espacio para el nihilismo y la apostasía del sistema.

Las parias hoy son conceptos demasiado grandes para mi boca: la justicia y la decencia.