Huelga justificar la huelga

Asumo que este es un gobierno con (relativa) buena voluntad: voluntad de generar un cierto bien común reconocible por una amplia parte de la sociedad (tienen 10,5 millones de votantes).  La prioridad, se canta por los cuatro costados de la España una, grande y libre, es el desempleo. El gobierno confía en los grandes capitales patrios, en su capacidad para mover y enardecer la economía y con ello, muy secundariamente, generar un bienestar colateral y pírrico: lo que venimos a llamar empleo… pero ¿con qué calidad laboral? ¿a cambio de qué se comprometeran los capitales patrios en nuestra economía?

El gobierno español salido del 20N (irónico este ZP con la fecha elegida) tiene claro su objetivo: quiere implicar al 80% del capital español, en manos de cuatro gatos(azos), en el crecimiento económico a fuerza de rendir el estado a sus pies: el estado de Rajoy, y estado de todos y todas los y las demás. La reforma laboral es la primera bula emitida: el gobierno del PP se queda al borde del derecho de pernada en las concesiones a la patronal; ¿esto genera empleo? Obviamente no,  la postura es indefendible, pero son los sillares del incremento de la inversión privada (insistimos que la medida es eficiente porque el dinero está en manos de unos muy pocos): una mano de obra devaluada, sin derechos, genera mayor beneficio al inversor (aquello que parece no importar a nadie que Marx llamaba plusvalía).

Una vez generado el ambiente propicio para la inversión, la reforma laboral, el siguiente paso es definir esa inversión: al estado no le quedan grandes petroleras ni acerías, no le pertenecen ya apenas medios de transporte ni eléctricas ni telefónicas; ¿qué puede ceder el estado para la privatización y la inversión? Efectivamente, lo que queda: la sanidad y la educación. Obvios son los ejemplos de las que son liebres en este sentido: las comunidades de Madrid y Valencia, los ensayos liberales que llevan años en marcha. Claramente escondidos bajos las alas de un estado central que lo cubre todo, la privatización parcial del bienestar social en estas comunidades es lo más ineficiente que se pueda imaginar (más caro y con peores resultados), pero eso sí: un pingüe beneficio para los y las implicadas.

Y sin embargo toda la estrategia de Rajoy está confiada al patriotismo de los capitales privados; el gobierno del PP vende a sus trabajadores y trabajadoras, regresa al franquismo (cuando no a Fernando VII) en términos de derecho laboral, confiando en algo tan exiguo, tan inasible, tan falso como el patriotismo de los y las que no tienen más patria que el crecimiento de su capital. No es que sea absurdo, es que hay demostración histórica de que eso nunca ha funcionado: el dinero no tiene patria. Con una preocupación adjunta: los pasos que se den atrás serán muy difíciles de recuperar; algunos nunca.

Como digo, la reforma laboral es el ambiente para el estímulo inversor y desarticulador del bienestar, es la primera prebenda a los capitales (también lo fue la reforma de julio de 2010, esa vez del gobierno PSOE), y por tanto es el primer escalón para la destrucción y adelgazamiento del estado tal y como lo hemos conocido en la España que decíamos copia de las socialdemocracias europeas.

Y dicho esto ¿no huelgan las justificaciones de la huelga general del 29 de marzo de 2012?

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