Archivo mensual: agosto 2012

El involucionista Gallardón: ¿asotanado o liberal?

Es curioso que se tache el proyecto de modificación de la ley de interrupción voluntaria del embarazo del ínclito Gallardón de “ideológico” cuando precisamente de eso se trata la alternancia en el gobierno: de confrontación de ideologías.

La de Gallardón, su ideología, y la de su partido, el Popular, es bien conocida aunque no tanto publicitada: conservadores en lo social -ni aborto ni divorcio express (hace 20 años divorcio ninguno) ni matrimonio para todos y todas ni tolerancia a la inmigración- y liberales en lo económico -pocos impuestos, estado adelgazado hasta lo anoréxico, y educación, sanidad y dependencia para el que se la pueda pagar y si no… a mamarla-. Y el que votase el 20N sin saberlo… pues a mamarla también.

Si Gallardón tira de ideología y oportunismo -posicionándose en el relevo de su achicharrado líder- a menos de un año de su nombramiento, no debe detenerse porque su programa electoral no hiciera mención alguna: hay cosas que al Partido Popular -como el valor en la mili- se le suponen, y el ataque aborto es una de ellas.

Que Gallardón de dos pasos atrás con su proyecto de reforma, retrocediendo más de lo que se atrevieron (que no se atrevieron) sus correligionarios de una década antes (el aznarismo), es raro, sin duda; pero un apoyo importante para colocar a Rajoy en la Moncloa (quizá no tan influyente con Aznar) ha sido la conferencia episcopal y su preconstitucional purpurado ultra: y ya sabemos cuales son las obsesiones de este hombre. De estas involuciones no seremos el primer caso: en EEUU recuperaron a lo largo del s. XX la pena de muerte gran parte de sus estados donde ya estaba abolida.

Y si la medida de Gallardón tiene un claro componente ideológico (conservador), no deja de tener relación con el ataque a la sanidad pública del Partido Popular (liberalismo económico): quien pueda que se pague el aborto, quien no… a mamarla. Y Gallardón mata dos pájaros de un tiro en el electorado de su partido (aquellos y aquellas que saben bien lo que votan; los otros y las otras, pues a m…), sin que nadie se percate de la paradoja: el liberalismo no restringe.

Y en el debate de lo ideológico y lo económico, lo conservador y lo liberal, de lo nacido, lo concebido, el límite de viabilidad, etc, surgen los neologismos cuando no la jeta pura y dura: Gallardón se ha permitido nombrarse adalid de las personas con dependencia por ser quien reconoce esa dependencia desde antes de nacer -y de ser persona con dependencia- mientras su parte liberal destroza los derechos reconocidos -y pagados- por la ley de dependencia de la primera legislatura del denostado ZP.

Lo dicho, en ese debate de tanta presencia y opinión masculina -un ministro, un purpurado episcopal-, con derechos supuestos de los no nacidos (aquí no hay necesidad de mencionar más géneros), siempre se olvida, o se obvia, el único derecho persistente, permanente y prevalente (si es que hay algún otro): el derecho de la mujer (que no madre: mujer) a hacer con su cuerpo lo que le venga en gana; insisto: su cuerpo, aquello que está encerrado de piel y mucosas para adentro, tenga óvulos no o sí fecundados.

Un empeño de todos y todas, ideologías a parte y progres incluidos, es destacar el sufrimiento de la mujer que aborta, y nos recuerdan también que ese sufrimiento es para toda la vida; como si la mujer que aborta mereciera ese castigo por hacerlo, aunque se lo hayamos permitido: “dejadlas abortar, si no es un hecho baladí, si lo hacen con dolor, si les queda una huella imborrable que las martirizará de por vida”, parece que dijeran, como si el aborto no pudiera -o no debiera- ser un acto trivial para una mujer que planifica su presente y futuro y gobierna su cuerpo.

Adelante paria: salve mujer que abortas sin dolor ni culpa.

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