La miseria de una nación

Hay dos formas habituales de comenzar a hablar de la película de David W. Griffith de 1915 “El nacimiento de una nación“:
una es “La película de Griffith es la primera obra de la historia del cine que cuenta una historia de forma coherente y marca el inicio del lenguaje cinematográfico a través de los primeros planos, los flashback, los planos amplios de batallas épicas, etc… pese a ser una película racista y proselitista del Ku Kux Klan”
la otra es “La película de Griffith es una apología del racismo, del clasismo, una falsificacion historica malintencionada, un ejemplo de la peor cara que los Estados Unidos podrian dar de si mismos, su conciliación y su reestructuración 50 años después de su guerra civil… pese a lo cual, es uno de los primeros hitos en la historia del cine que no se podría explicar sin ella”.

De “El nacimiento de una nación” a mi me encantan las escenas de Lincoln decidiendo sobre la guerra -muy bien tratado por Griffith pese a su fuerte sesgo sudista-: un hombre triste entregado a una circunstancias de guerra que detesta; me encanta la forma en que, sin referentes cinematográficos, elabora una historia de guerra a través de dos familias amigas y separadas posteriormente por la confrontación; me encanta la recreación del asesinato de Lincoln y me gusta recibir una historia, aunque sesgada y falsificada, que contradice y a veces complementa, la versión oficial: es como leer a Foxá -falangista de tomo y lomo- sobre la II República española y la guerra civil para confrontar ideas preconcebidas. Griffith muestra los supuestos agravios que la posguerra y los gobiernos republicanos radicales trajeron al Sur hasta reforzar el desprecio por el Norte y los afroamericanos que, como demuestra el director, perdura 50 años después. Cuando Griffith dirige la película aún hay ancianos que lucharon en la guerra. El propio Griffith se debió criar con las historias de la guerra y la posguerra de humillación para los blancos, así como la imagen beatífica de los crímenes del Ku Kux Klan.

Y por descontado “El nacimiento de una nación” es una película absolutamente racista, hasta el punto de que muy locos actores afroamericanos quisieron trabajar con él, lo que obligó a la ridiculez de que los personajes negros son blancos mal tiznados. La imagen del afroamericano, salvo si acepta su esclavitud, es de pereza, crueldad, ruindad -algo muy parecido a las imágenes que describe Foxá de los políticos de izquierda durante la II república-, llegando al extremo de que Griffith resume la situación del Sur en los años que siguen al fin de la guerra (1865) como un enfrentamiento Negro vs Blanco (y ya sabemos quienes son los buenos) y anula la confrontación Norte vs Sur. Griffith no muestra desprecio por el norte, y menos por Lincoln, aunque sí quizá por alguno de sus dirigentes radicales.

Esta parte final de la película, de los nada despreciables 218 minutos de duración total, es puramente visual, sin apenas interrupciones de texto, y es la más indigerible: los despreciables caballos y jinetes ensabanados del Klan -algunos incluso veteranos norteños- corriendo en auxilio de norteños y sureños “blancos como lirios” cercados de “hordas de negros” sedientos de sangre: Griffith da rienda suelta a toda su paranoia racista sin darse cuenta que él mismo la desacredita al figurar como negros los blancos tiznados: ¿puede haber negros esclavos y blancos esclavistas cuando la diferencia entrambos la salva un blanco tiznándose?

Revisado el elenco de la película, sorprende la presencia de actores con un futuro muy ilustre: el grandísimo John Ford -como extra- o el también gran director Raoul Walsh -como Booth, el asesino de Lincoln-. Apariciones infortunadas, por cierto que me recuerdan una sentencia que le oí a Echanove -aunque parece ser que pertenece a Simone Signoret-: “haría de fascista en una película antifascista, pero nunca haría de antifascista en una película fascista”.

El nacimiento de una Nación” es pionera e imprescindible en la forma en que entendemos el arte del cine, pero no se puede ver de forma distinta que las películas pronazis de Leni Riefenstalh.

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