Archivo mensual: diciembre 2012

Coherencia

La horda política del Partido Popular se compone de dos tribus de autodenominados liberales bien diferenciadas:

– Los y las que viven desde hace 20-30 años de cargos públicos electos o dedocráticos mientras conservan en la recámara una excedencia de un puesto funcionarial. Ejemplos distinguidos: Esperanza Aguirre (alabada por liberal hasta el vómito por un desquiciado-ingenuo Vargas Llosa), Mariano Rajoy…

– Los y las que no han dado palo al agua en su supuesta vida laboral, con cargos políticos orgánicos o públicos, electos o dedocráticos (más de estos últimos) cuando no heredados, desde que alcanzaron la mayoría de edad, bullidos en su mayoría desde las nuevas generaciones hasta el infinito y más allá. Ejemplos: Andreíta-que-os-jodan, Fátima Báñez… Estos y estas apenas saben si son liberales, conservadores o ex-marxistas (que también abundan en las filas del PP).

Lo mejor de la moraleja a la composición de las tribus es que de entre esos y esas autodenominados liberales que desprecian el trabajo público, las oposiciones y el estado grueso, los y las más meritados son los funcionarios en excedencia: también Aznar es funcionario (inspector de hacienda) en excedencia ¿con qué rostro piden ellos y ellas el adelgazamiento del estado?

Sang Woo y el deslumbre rural del urbanita

Sang Woo y su abuela, película surcoreana dirigida por Lee Jeong-hyang, entra en el lugar común de la bondad rural frente a la deshumanización urbana.

Desde el punto de vista argumental, la película no aporta mucho más que el exotismo de ese mundo extratecnológico de Corea del Sur muy lejos de la asumida imagen ultratecnológica de las grandes ciudades.

Pero como en muchos otros filmes orientales, si se puede destacar su lenguaje cinematográfico tan puro, tan basado en lo visual obviando o reduciendo a lo imprescindible el diálogo. No es que Kim Ki-duk (Hierro 3) o Kar Wai Wrong (Deseando Amar) o Zhang Yimou (La linterna roja) hayan inventando un nuevo cine, sino que ellos han vuelto al cine primigenio en un retruécano de color y deslumbre fotográfico que no es mudo pero que obvia la necesidad de la voz.

Y su otro activo es la actriz que personifica a la abuela de Sang Woo. Deconstruida por el guión: encorvada hasta la discapacidad, muda y difícilmente comunicativa, esta no-actriz (amateur) es capaz de emocionar.

Si el refranero español dice “pueblo pequeño, infierno grande”, y cuando ya Saura nos mostró en “El séptimo día” de Puerto Urraco los vicios de la vida rural, de una manera ingenua aunque emocionante, “Sang Woo y su abuela” demuestra todos los tópicos de una vista urbanita (que no sé si la directora lo es) sobre la preocupación en los pueblos de unos vecinos por otros, la generosidad, la entrega, el “tiempo lento”, la humildad, etc. Si la ciudad es la soledad -no siempre deseada- el pueblo es la compañía, pero también la ciudad es la intimidad frente a la exposición social -no siempre deseada- del pueblo.

No es una película para recordar pero no deja de ser recomendable.