Archivo mensual: octubre 2013

¿Cuánto ganamos? ¡Cuánto perdimos!

El documental “Cuanto ganamos, cuanto perdimos” (en filmin.es por 2,95€) dirigido por el director (y médico de familia) Javier B. Arcos es un aldabonazo a nuestro frágil recuerdo que gana vigencia con cada nueva enfermedad y cada nueva muerte evitables derivadas en nuestro país, las españas, del deterioro de nuestro Sistema Nacional de Salud.

La estructura narrativa del documental es clásica, reconocible, lo que aleja el foco de las formas y subraya la importancia del mensaje, de los testimonios. Se entremezclan las historias de las víctimas de la exclusión, con las aportaciones cualificadas (y mucho) de diversas personas relevantes del ámbito sanitario: científicas, políticas, cooperantes, economistas, etc… (y los silencios de otras). Las víctimas cuentan su drama de burocracias interpuestas, de rechazo, de pastillas y enfermedad, pero sobre todo  muestran su miedo. Miedo a asistir a urgencias:está tramitando la residencia y teme dejar una deuda que destroce su espera. Miedo e impotencia de no poder pagar su enfermedad pese a trabajar, pero tampoco poder volver a su país. Miedo contagioso: yo, que nunca me ha preocupado el no tener asistencia sanitaria, he sentido mucho miedo con ellos, por ellos, y tantos como ellos.

El documental de forma paralela y con una animación relata la forja del Sistema: proveniente de un sistema de beneficencia, se extendió progresivamente hasta recibir un empujón definitivo con la ley general de sanidad de 1986 (ley desarrollada bajo el ministerio del gran Ernest Lluch, asesinado por ETA en 2000) que le llevó a una (casi)universalidad y equidad. Casi, porque como bien apunta Juan Gérvas, quedaron resquicios, algunos anecdóticos (como las monjas) que dejaron un hilo de luz en la puerta por el que el gobierno del Partido Popular salido de las urnas del 20N de 2011 supo introducir una palanca que ha abierto de par en par la puerta de la inequidad y la exclusión. Y eso que solo un año antes, en septiembre de 2011, el gobierno socialista de Rodríguez Zapatero aprobaba la ley general de salud pública que garantizaba la universalidad del sistema nacional de salud una vez rescatadas las anécdotas.

El sistema nacional de salud hasta septiembre de 2012 no era el mejor del mundo, no era el más accesible ni el mejor dotado, no era el que mejores resultados de salud ofrecía ni el que mejor valorado estaba por profesionales o usuarios y usuarias. Era muy mejorable. No obstante, y esto lo recuerda el documental, los datos indicaban que era eficiente: con unos gastos generales algo más bajos que sistemas similares se lograban indicadores de salud algo mejores. Pero por encima de la eficiencia el sistema (casi)universal cumplía con el principio ético que le corresponde: era justo. Era justo porque no dejaba caer el peso del coste de la enfermedad sobre la persona enferma (no en todo, y ahí está la receta verde para demostrarlo). Era justo porque no se remitía a las rentas y patrimonios de las personas usuarias para distribuir los recursos sino a las necesidades de éstas. Era justo porque no recurría a la condición de asegurado (Bismark) si no a la de enfermo (Beveridge). Nada de éticas deontológicas ni de juramento hipocrático como esgrimen algunos (¿ha leído alguien el juramento hipocrático?): es justicia.

Era justo hasta septiembre de 2012: se aprobó el RD 16/2012 y con él se excluyó a una parte de la población de la asistencia sanitaria ¿Qué parte? ¿Importa? Claro, los de siempre, los peor situados en la competencia social: los inmigrantes ilegales, irregulares, sin papeles, el eufemismo que se quiera para cosificarlos y enmascarar que son personas, y que además sufren. Los cosificamos incluso para argumentar en su beneficio y esto también está en el documental: “la exclusión no reduce significativamente los gastos” decía alguna voz autorizada ¿y…? ¿qué me importa la costoeficiencia frente a la equidad? “La exclusión supondrá emergencia de enfermedades” ¿mi beneficio antes que la justicia? Entiendo los argumento utilitaristas y sé a quien van dirigidos, pero me dejan la sensación de suciedad.

Graciella, una argentina emigrada hace años, enferma de gravedad y con tratamiento muy caro que no puede sufragar, recuerda de forma muy lúcida en un momento “en casa de uno manda uno, y esta es su casa“: en las españas mandamos (¿?) las españolas y los españoles y hemos elegido ser injustos con Graciella y con cientos de miles de personas más. Hemos votado y de las urnas han salido estas leyes. Un periodista de El Mundo desmiente las encuestas, mayoritariamente en contra de la exclusión realizada por el Partido Popular, y recuerda que bajo la piel, el español y la española medios guardan un aplauso silencioso por la nueva ley: “si no pagan por qué van a tener derecho” se dicen en esos rincones oscuros de la conciencia.

El documental de Javier Arcos es un imprescindible toque de campanas que nos recuerda, un año después, que doblan por nosotros y nosotras. El documental genera miedo y rabia y asco y eso lo engrandece. No te hace responsable pero tienes que acabar sintiéndote responsable.

“Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti“. John Donne.

 

Conflicto de intereses: Javi es amigo. Gracias Javi.

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