A la injusta muerte

El primer año de la revista “Los Aljibes”, 1996, fue también mi primer año de estudios en la capital. En algunos de mis regresos de fin de semana encontraba “Los alijbes” en la silla de mimbre de la entrada de casa y me apropiaba ávido de ella: no me gustaba su abundante beatería ni su sobrecarga de nostalgia ni su tono naíf alejado de controversias por el bien de rehuir el conflicto; pero su valor como edición local cuidada y con pretensiones culturales elevadas era impagable. Y sin duda esa distancia con las fricciones le alargó la vida y le ahorró sinsabores. En esas páginas, ya en el primer número, descubrí un nombre que desconocía: Antonio V. Martínez Cruz; “el yerno de Mañas” me decían… volvía a mirar la foto para ver si la referencia me ayudaba: ni idea.

Antonio V. tomó nuevos roles en la revista y comenzó con una sección de entrevistas, por lo general a mayores, cueveños y cueveñas, que tenían algo que contar por años o por vivencias: fueron sus “Encuentros con…” Siempre leía estas entrevistas y siempre sentía que Antonio V. se extendía demasiado en el contexto lo que restaba lugar al protagonista. Me equivocaba. Con el tiempo, y cuando yo mismo edité esas entrevistas para quillotro, me di cuenta que los textos estaban bien equilibrados y recogían cuanto los protagonistas contaban, y no todos ni todas eran muy abiertos a ello. La contextualización de Antonio V. era el cuerpo intangible, imprescindible, de sus escritos.

La inquietud cultural de Antonio V., de la que “Los Aljibes” no eran sino una anécdota, se desarrolló en muy diversos ámbitos y ambientes; aquí en sus raíces cueveñas, y allí donde vivía, en Catalunya. La eclosión de su compromiso con Cuevas del Campo llegaría en 2001 con la puesta en marcha de su gran proyecto. Curtido en las lides del teatro, bien formado, bien impregnado de iniciativas similares por toda España, bien pertrechado de inspiración, dedicación y sin recatar ningún esfuerzo, fue capaz de convencer a instituciones y a cueveños y cueveñas para participar en un gran teatro amateur al aire libre. Solo se me ocurren razones para no hacerlo: qué pereza pensar en cientos de actores y actrices y figurantes, sin ninguna experiencia, al aire libre, sin control completo de los escenarios, ante un público de movimientos impredecibles, de número indeterminado … y añadido el refrán de “pueblo pequeño, infierno grande”: expuesto a las envidias, a los malos deseos… la voluntad para llevar a cabo esta empresa debía ser la de un héroe, y para hacerla durar en el futuro, la de un mártir: eso fue Antonio V.

No me interesó el enfoque que Antonio V. dio a sus intervenciones en “Los Aljibes” a partir de la primera Semana Santa Viviente, centradas sobre cada una de las nuevas ediciones de la misma. Yo no veía entonces, y me ha llevado muchos años entenderlo, que esa voluntad heroica con la que Antonio V. fue capaz de levantar su gran proyecto exigía una renovación continua, exigía una dedicación probablemente diaria, un monopensamiento que debía inculcar y actualizar continuamente en aquellos y aquellas a los y las que podía llegar con escritos, conversaciones, etc. Antonio V. no necesitaba la Semana Santa Viviente para demostrar su gran valía, pero la Semana Santa Viviente exigía de Antonio V. el sacrificio de un apostolado que no siempre le atrajo bondades. En el último número de “Los Aljibes” en 2006, Antonio V., contrariado con críticas más o menos asumibles, se defendió de forma airada, exagerada. Creo que entonces se equivocó no aceptando la crítica y así le contesté de forma también demasiado airada en los primeros días de quillotro. Con la perspectiva de los años sigo pensando que se equivocó, pero también creo que él llevaba más razón en sus razones que yo en las mías. Él se había ganado esas razones para equivocarse.

Una mañana en el Happy tomando café, entraron Andrés Prieto y Antonio V. Se sentaron en la barra, cerca de la puerta, y al poco se acercó Andrés a la mesa en la que yo estaba “vente que te presento a Antonio, que quiere conocerte”. La única referencia que podía tener Antonio V. de mí era esa contestación airada de la que no podía estar muy contento. Con más vergüenza que miedo me acerqué, le estreché la mano, y de la manera más cálida imaginable me habló de su nuevo proyecto, la enciclopedia digital de Cuevas del Campo, de su interés en los medios digitales, me dijo que le gustaba lo que hacíamos en quillotro y me pidió permiso para incluir sus contenidos, los de quillotro, en ese proyecto enciclopédico… me ganó en solo unos segundos; destrozó cualquier prejuicio que pudiera tener con una generosidad inmensa, sin límites, sin justificaciones. Él no tenía ninguna necesidad de acercarse y sin embargo lo hizo. Y me convertí en un converso con más fe que ningún otro creyente en Antonio V.

Antonio V. reunió la entrevistas de “encuentros con…” en su libro “La gente güena de Cuevas del Campo”,  escribió otro, “el talento y la imaginación de Cuevas del Campo: la Semana Santa Viviente”, y otro “Cartas a Berta” que nos adelantó en capítulos en sus blogs. Elaboró aquella enciclopedia digital de Cuevas del Campo en formato DVD con todos los conocimientos acumulados en los 10 años de la revista los aljibes, recogió sus poemas en varios poemarios: Pasiones, Mirando al pasado y desde el mirador del Negratín: poemas y versos, y alguno llegó incluso a letra de una canción. Elaboró decenas de vídeos en su canal de Youtube. Participó con sus escritos en “los Aljibes”, en quillotro, en los sucesivos programas de fiestas anuales, y aun así, desbordado por su creatividad, alimentó varios blogs: abrió uno primero, pasionporcuevasdelcampo, que abandonó por cuevasdelcampomuchopordescubrir, para luego llevar los dos y sumar un tercero semanasantavivientedecuevasdelcampo. Le sugerí en alguna ocasión que los blogs eran un poco rococós, demasiado adornados, lo que podía restarle audiencia: pero lo cierto es que no, son muy visitados y comentados desde el primer día. Ya en estos últimos años ha trabajado por generalizar el interés por la cultura en la comarca aunando esfuerzos en el desarrollo con éxito la Asociación de Escritores del Altiplano de Granada enfocada a la edición y difusión de literatura. Y eso en Cuevas del Campo: que recuerde y sepa, Antonio V. ha editado revistas de teatro, presidido asociaciones, dirigido festivales, y a saber cuantas cosas más.

Cuando le enviaba un mail para felicitarle por algún post, Antonio V. me llamaba de inmediato para agradecérmelo, y me contaba nuevos proyectos: tenía esa capacidad de hacerte sentir bien que los cursis llaman inteligencia emocional; tenía una creatividad, una capacidad de trabajo, de esfuerzo, de ilusión desbordados y de contagiarlos a los y las demás.

En algunas de la noticias publicadas estos días en las ediciones digitales de periódicos, en los comentarios, han abundando los recuerdos emocionados y emocionantes de exalumnos de Antonio V. Uno de los años en que se realizó el campo de trabajo del instituto andaluz de la juventud en Cuevas del Campo asistí al taller que se organizó para ellos sobre la Semana Santa Viviente. A priori no parecía una actividad muy interesante para un grupo de jóvenes del perfil que tenían, pero con pocas palabras, las de un docente con muchas tablas, Antonio V. se ganó la atención de todos y todas. Escritor, director, editor, … Antonio V. también, y seguramente sobre todo, era maestro.

En navidad vi por última vez a Antonio V. Le felicité por mail por la muy merecida concesión del título de hijo adoptivo de Cuevas del Campo (que debería haber sido predilecto) y me llamó al poco. Me dijo que día sería el acto de nombramiento y creo que me autoinvité porque él deseaba que fuera algo muy familiar. En la puerta del salón de plenos del ayuntamiento, minutos antes del acto, me habló brevemente de su enfermedad: fase avanzada, lucha, permiso de sus médicos para viajar… bajo aquellas frases ahora interpreto la gravedad que entonces no vi. El acto fue emotivo, giró en torno a Antonio V. con el beneplácito generoso de Andrés, que también fue homenajeado. A la salida le volví a felicitar y lamenté que nadie hiciera una crónica de ese nombramiento: me brindó sus blogs para escribir esa crónica sobre él y Andrés y quedé pendiente. No la había mandado aún pero estas palabras ya estaban escritas y pendientes de enviar algún día a Antonio V. Estas palabras no debían ni querían ser un epílogo sino una felicitación y un reconocimiento.

El post de sus blogs que más me gusta es el que dedicó a Ernest Lluch (ex ministro de sanidad con Felipe González y quien elaboró la ley de sanidad de 1986 que supuso la primera vez que la salud se convirtió en un derecho positivo. Fue asesinado por ETA en 2000). A mi me parecía un hombre admirable y era amigo de Antonio V. El post sobre Lluch recordaba una anécdota de su relación y finalizaba: “Nadie da más que el que ofrece todo lo que tiene. Ernest Lluch dio su vida por defender el derecho al diálogo y a la libertad. Ernest, donde quieras que estés, no podré olvidar fácilmente tu paso por parte de mi vida cultural en la Ciudad Condal.

A Antonio V. se le han robado años de vida. Su enfermedad no responde a juicios de valor como la justicia. Más aún si no eres creyente. La enfermedad no es justa o injusta. Y sin embargo es inevitable sentir que el destino de Antonio V. no es justo. Merecía culminar sus proyectos e iniciar nuevos. Lo merecíamos todos y todas.

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